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Sociedad · 29 de Octubre de 2018. 17:52h.

De la Polynesia al Far West entre risas y confidencias

Alma, una mirada a la Obra Social “la Caixa”

De la Polynesia al Far West entre risas y confidencias

Alma, la red social social es una nueva manera de hablar de lo social. Con actitud y optimismo. Desde la diversidad. Y a partir de las historias de la Obra Social “la Caixa”. Alma quiere ser también un punto de encuentro de las infinitas realidades sociales de nuestro mundo.

Un sábado soleado en PortAventura tenemos una cita a ciegas con una familia malagueña. Será amor a primera vista. El encuentro fortuito lo han organizado CaixaProinfancia y la Fundación PortAventura y, junto a los Fernández Muñoz, hay 21 familias más de todo el Estado.

En total, estamos rodeados de 112 niños y jóvenes que disfrutarán con sus padres o tutores de un fin de semana en el parque de atracciones. Este ha sido el premio que recibieron las familias, con motivo de los 10 años de CaixaProinfancia, por estar muy implicadas en el proceso educativo de sus hijos. Todas ellas forman parte de este programa que lucha contra la pobreza infantil y ayuda a más de 400 entidades sociales del territorio a realizar, entre otras cosas, actividades de refuerzo escolar y ocio con chavales de entornos vulnerables. ¿La meta final? Que cada uno de estos chicos y chicas tenga las mismas oportunidades que cualquier otro.

Después de la foto oficial en una plaza de la Mediterrània, que imita un pueblo pesquero, las familias comienzan la yincana organizada a lo largo y ancho del parque. Aquí es cuando, por azar, nos cruzamos con Águeda Muñoz, su marido Miguel Ángel Fernández y cinco de sus seis hijos, que están todos observando el mapa del parque.

Águeda y Miguel tuvieron a sus responsables trillizas hace 21 años, Isabel, Raquel y Águeda. Luego llegaría Elena, la rebelde del grupo, de 18 años; más tarde, el apuesto Miguel Ángel, de 15 años, y el benjamín Pedro, de 8 años, un sol de niño que dice que quiere ser futbolista y que se ha leído El Quijote ¡dos veces! “Una adaptación”, aclaran las hermanas.

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Águeda madre nos cuenta que el programa les ha dado este reconocimiento porque tienen a las tres hijas mayores en la universidad y ninguno de sus hijos ha repetido jamás ningún curso. Ni ella ni Miguel tuvieron la oportunidad de sacarse una carrera y se esfuerzan a diario para dar a sus hijos todo lo que ellos no tuvieron. Los han llevado a todos a los conservatorios de danza y música, a pesar de que solo entra en casa el sueldo de Miguel Ángel, que trabaja de auxiliar de clínica en un centro para personas con discapacidades físicas y mentales. La pareja nos cuenta que se las saben todas para ahorrar. Un truco fácil: ir a comprar al mercado a última hora.

Sus hijos son su orgullo mayúsculo. Salta a la vista por el considerable número de veces que Águeda madre los besa, los achucha y canta sus excelencias. De las tres mayores, Águeda hija estudia Logopedia. Raquel, un ciclo superior de Animación y Actividades Deportivas. Y a Isabel –que se ha quedado en Málaga cuidando del abuelo– le queda un año para acabar el grado en Educación Primaria. Elena, por su parte, terminó el grado medio de Repostería y ahora está con el de Restauración. Y Miguel y Pedro estudian cuarto de ESO y sexto de Primaria, respectivamente.

Durante el recorrido, me maravillo con la compenetración y organización de la familia. Las hermanas nos ofrecen bocadillos y agua. El padre y la madre se concentran para responder a las preguntas de la yincana. Y Raquel es la que abre camino. “A ella le gusta ser la comandante del grupo”, dice su padre. Vamos avanzando de la Polynesia al Far West entre risas y confidencias.

La familia Fernández Muñoz conoció CaixaProinfancia a través de la entidad malagueña TRANS. En ella, las mayores y Miguel fueron primero beneficiarios y ahora son voluntarios. Pedro sigue yendo a las clases de refuerzo escolar y también ha ido a campamentos en Cádiz y Granada.

Cuando volvemos al punto de encuentro, conocemos a Juana Yovanny, una madre dominicana monoparental a quien la Fundación ADSIS ha ayudado mucho. Nos cuenta que allí va su hijo Josua después de la escuela y que ella también es voluntaria de la fundación, donde se encarga de preparar bocadillos para dar de merendar a los chavales.

Mientras tanto, los Fernández Muñoz han decidido subir al Tutuki Splash… con nosotros. Nos lo pasamos tan bien que, después de comer, nos reencontramos. Las chicas quieren que montemos juntos en el Shambala (¡la montaña rusa más alta de Europa!). El fotógrafo y yo nos miramos. Yo estoy bastante inquieta, por no decir asustada… Pero yo, por ellas, ¡lo que haga falta!

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