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Sociedad · 2 de Diciembre de 2019. 07:43h.

En busca de Amundsen

Morir a los 56 años

Tras leer la crítica-crónica de Jacinto Antón el pasado sábado sobre Amundsen decidí emprender la misma travesía.

 Porque para mí, lo que diga el conde Almásy, va a misa.

Por eso recorrí los 80 kilómetros de distancia entre Martorell -mi localidad de residencia- y Vic. Para ver Amundsen, el biópico noruego sobre el célebre explorador noruego.

 Lo cierto es que el horario era un poco infernal, incluso para una exploración antártica: las 11.40 de la mañana del domingo.

 No había ido a una sesión matinal desde la infancia. Cuando mis padres me llevaron a ver, creo, Las aventuras del Poseidón (1972). Obviamente el original, no el remake de 2006.

 En el Excelsior. Un cine de la Gran Vía que acabó convertido en una tienda de muebles. Un día habría que hacer la lista de cines fallecidos en combate.

 Me vienen a la memoria a bote pronto el Alcázar,  el Alexandra, el Capitol, el Cataluña -que se preciaba de tener las mejores butacas de Barcelona- el Niza, el Palacio del Cinema, el Urgel, el Savoy.

 Algunos -como el Borràs o el Avenida de la Luz- intentaron sobrevivir a base de porno. Las redes sociales han matado hasta eso.

 Por supuesto -a diferencia del autor- decidí ir sin trineo, sin gorra de lana y sin banderita noruega.

 Y tuve serias dudas sobre la banda sonora que me acompañaría durante le viaje.

 Estuve pensando llevarme los discursos de guerra de Churchill, que tengo en un cd comprado en el Imperial War Museum de Londres.

 Hasta lamenté no haber comprado los de De Gaulle en el Musée de l’Armée de París que, los que tienen la inmensa paciencia de seguirme, saben que pisé el pasado miércoles para visitar la tumba de Napoleón.

 Pero eran cuatro a 18 euros cada uno. Lo que me hizo desistir la compra convencido de que podría encontrarlos más baratos en internet.

 Desde el inicio del proceso procuro no escuchar la radio. Tiene efectos perjudiciales para mi salud: desasosiego, ansiedad y subida de la tensión arterial. No me ha bajado desde el tripartito.

 He llegado a la conclusión que si no escuchas la radio -especialmente Catalunya Ràdio o Rac1- eres más feliz. Ninguna noticia el proceso, de los “presos políticos” o del Consell de la República de Waterloo.

 Además ya no hace falta. Felizmente, twitter ha sustituido a Catalunya Informació.

 En fin, las temperaturas también acompañaban: 10 grados a la ida y 11 a la vuelta.

 Por casualidad, estuve preparando el terreno el día anterior con el film Scott en la Antartida, una película inglesa de 1948, que pillé por casualidad en 13 TV. Y en versión original.

 Topé con ella cuando ya estaba empezada. Pero al menos me quedó la agonía final del explorador británico y sus hombres: llegar al centro de la Antártida para darse cuenta de que había Amundsen había alcanzado antes la meta. Les quedaba lo peor: el regreso hasta caer exhaustos.

Que conste que, yendo a ver Amundsen, he superado mi récord de tres películas en una semana.

 Algo inaudito porque suelen bastarme diez minutos de youtube para desconectar.

 En París, en efecto, aproveché para ver el J’accuse de Roman Polanshi y Midway, de Roland Emmerich. Mucho mejor la primera que la segunda. Los americanos creen que con efectos especiales y tomas en picado es suficiente. Polanski lleva el cine en las venas.

 Aunque, la verdad, Amundsen no es de mis héroes preferidos.

 Antes está Charles Lindbergh, el primero en cruzar el Atlántico en avión pese a que con el tiempo y el asesinato de su hijo se volvió medio nazi.

 Mientras que en materia de exploraciones antárticas, mi favorito es Ernest Shackelton. Ese cabezota irlandés que embarcó a 28 personas en el Endurance hasta quedar atrapado en el hielo.

 Hace años hasta visité una exposición en honor suyo en Dun Laoghaire, una localidad irlandesa, aprovechando una estancia mía en Dublin.

 Tras meses aislados consiguieron embarcar en los botes salvavidas hasta Isla Elefante. De ahí a las Islas Georgias del Sur. Nada menos que unos 1.300 kilómetros de distancia por un mar embravecido. Cuando tocaron tierra todavía cruzó la isla a pie para pedir socorro en la costa norte donde había balleneros precisamente noruegos.

 El último escollo para mi particular homenaje a Amundsen -y a Jacinto Antón- fueron las colas porque los Multicines Sucre estaban invadidos por familias enteras con niños en edad infantil dispuestos a ver Frozen II, la entrega de Disney para estas Navidades.

Por unos instantes se me cruzó por la cabeza pedir clemencia -al fin y al cabo había recorrido 80 kilómetros-, exhibir un carnet de prensa o del Super3 o incluso colarme. Pero desistí en todos los casos. Lo pasé muy mal el día que mi abuela me llevó a ver Tiburón al Urgel y se coló con toda la sangre fría del mundo tras alegar razones de edad.

Aguanté estoicamente a que se consumiera la fila -¡era el último!- y los padres habían comprado no sólo las entradas respectivas sino también acabado con todas las existencias de palomitas.

Las palomitas, en los cines, deberían estar prohibidas. O como mínimo hacer dos colas: una para las entradas y otras para las palomitas. Pero así se ahorran personal.

 En fin, con el film ya empezado entré en la sala 1. Amundsen estaba haciendo los preparativos.

 Y, por una vez, agradecí que el film no fuera en versión original porque mis conocimientos de noruego son nulos. Eso sí, aprendí que “día” es “dag” e intuí que el cartelito que exhibe el hermano del explorador en el comedor de su casa con la inscripción “Alt for Norge” significa “Todo por Noruega”. Algo así como Todo por la patria en versión vikinga.

 Al fin y al cabo el país nórdico se había independendizado en 1905 sin pegar un sólo tiro aunque de hecho no fue un divorcio sino la disolución de un reino: el de Suercia y Noruega. Antes habían estado pegados a otro reino: el de Dinamarca.

 Salí un poco disappointed del film porque no es sobre la expedición a la Antártidad sino sobre toda su vida. Tiene pues, dos partes: la primera sobre el explorador, la segunda sobre el Amundsen persona aunque, por supuesto, no dejó nunca de explorar.

 Culo inquieto, murió en 1928 mientras intentaba rescatar -en hidroavión- al también explorador italiano Umberto Nobile, al que según la película detestaba. Bueno sobre todo el perro del susodicho.

 La película, de ser fidedigna, no deja de retratar a un Roald Amundsen como un tipo algo egocéntrico y zumbado. Sin duda condiciones necesarias para triunfar como explorador. No en balde fue el primero en pisar el centro del Polo Sur entre otras hazañas.

 Sin olvidar las relaciones tirantes con su hermano -que le llevaba los números-, los problemas económicos, el desprecio por algunos colaboradores y … su predilección por las mujeres casadas. Sin duda una vida de alto riesgo.

 Lo que sí me ahorré fue una visita a la Plaza del Mercado de Vic con sus lazos amarillos y que, según Jacinto Antón, exhibe una “galería de personajes del proceso” porque era la hora de comer.

 Vic es aquella localidad en la que el ayuntamiento emitía por megafonía el siguiente mensaje: “No normalicemos una situación de excepcionalidad y de urgencia nacional. Recordemos cada día que hay presos políticos y exiliados. No nos desviemos de nuestro objetivo, la independencia de Catalunya”.

Me vinieron a la memoria otros recuerdos. Curiosamente, hacía veinticinco años que los Mossos habían iniciado su despliegue. Precisamente en el mismo recinto de El Sucre donde ahora echaban películas. Cubrí entonces el acto para La Vanguardia. Era más joven y tenía más pelo. Cómo pasa el tiempo. /Un reportaje de Xavier Rius.

 

 

 

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2 Comentarios

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#2 Alfons Maristany, BARCELONA, 02/12/2019 - 18:48

Si le interesa las epopeyas en la Antartida si no la mas grande la mas increible fue la de Shackleton con su barco ENdurance atrapado en los hielos con unos hombres que logro que todos sobrevivieran durante dos años hasta que finalmente consiguieron ellos rescatarse a si mismos
Es increible
Hay documentales en youtube y libros

#1 Lo Flabioler de Copenhage, Copenhage del Sud, 02/12/2019 - 13:26

Sr Rius, si le interesa la exploración ártica, investigue sobre el noruego Fritdjof Nansen: deportista, científico, explorador, político, diplomático, premio Nobel de la Paz... best man ever!
Basta decir que en su afán por llegar al Polo Norte, su barco quedó atrapado en el hielo y... decidió seguir a pie!