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Sociedad · 6 de Agosto de 2020. 21:42h.

Morir de amor en Teruel

La ciudad tendría que promocionarse como capital mundial del amor romántico

Morir de amor en Teruel

Los turolenses deberían dejar de flagelarse: nada de Teruel existe. Deberían promocionarse como la capital mundial del amor. Sobre todo en la época de internet y las redes sociales.

Al fin y al cabo antes que Romeo y Julieta ya estaban los amantes de Teruel: Juan de Marcilla e Isabel de Segura, miembros de dos importantes familias de comienzos del siglo XIII.



Su historia está a la altura de otros amores trágicos -además del citado de Shakespeare- como Abelardo y Eloísa o Calixto y Melibea.

Porque, según todos los indicios, los hechos son auténticos. Hace unos años les hicieron la prueba del carbono 14 a los cuerpos y no detectaron muestras de “envenenamiento ni de muerte violenta”, según la amable guía que explica el recorrido, licenciada en historia.

Aunque seguramente la coletilla que se añade con frecuencia -tan castiza- de “tonto él, tonto ella” no ayuda a vender la historia. Y menos aún a popularizarla en el extranjero.

Juan de Marcilla e Isabel Segura fallecieron en 1217 y fueron enterrados, por deseo expreso de ambas familias, en una capilla de la Iglesia de San Pedro de la ciudad.

Ambos se habían amados desde jóvenes pero el padre de ella se resistía al enlace. Le dio un plazo de cinco años al pretendiente para volver con fama y fortuna.

Transcurrido el período regresó con tan mala suerte que el mismo día ella se desposaba con otro hombre. Nada menos que el señor de Albarracín, entonces un importante enclave feudal. En uno de los portales de Teruel hay una placa que recuerda su entrada.

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Juan de Marcilla le pidió un beso de amor pero ella se lo negó alegando que ya pertenecía a otro hombre. Momento en el que cayó mortalmente fulminado.

Al día siguiente, en el funeral, ella se acercó al féretro y le dio el beso que le había negado. Instante en el que también cayó sin sentido.

La noticia conmovió tanto a la ciudad y a las familias respectivas que fueron enterrados en la misma capilla de la Iglesia de San Pedro.

El relato se mantuvo de generación en generación pero no había pruebas concluyentes. La historia resurgió en 1555 cuando fueron localizados dos cuerpos en la capilla de San Cosme y San Damián. Uno encima del otro, una postura nada habitual para la época.

Además, no se hallaron otros restos cuando era habitual utilizar las capillas para entierros posteriores. Como si las familias hubieran querido preservar su amor y su memoria.

Años después el notario Juan Yagüe de Salas, que ejercía de secretario municipal, encontró hurgando en documentación oficial un pergamino enrollado, en letra antigua, sin firma y sin fecha que corroboraba la veracidad de los hechos. Levantó acta notarial el 19 de abril 1619.

Ni que decir que la historia ya atrajo el interés de Felipe II y, siglos después, de Fernando VII, que se desplazaron hasta Teruel para ver los restos.

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Y que los cuerpos sobrevivieron a todo tipo de avatares, incluidos la batalla de Teruel, una de las más sangrientas de la Guerra Civil con temperaturas bajo cero. Ahora, en el mausoleo que construyó Juan de Ávalos en los años 50, pueden visitarse y rendirles homenaje./ Un reportaje de Xavier Rius

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3 Comentarios

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#3 joan, bcn, 07/08/2020 - 00:16

Son terres acollidores, Molt bon embaixador cultural

#2 elpabloski, VLC, 06/08/2020 - 23:46

Un familiar turolense esposo de mi tía contaba hace un montón de años con un humor que hacía desternillarse a la familia que en realidad se trataba de los cadáveres de una antigua pareja de guardias civiles que se había rescatado del monte.

#1 manolodelbombo, tabernero en Monegrillo. No tenemos gaseosa, 06/08/2020 - 22:12

Teruel nunca podrá ser la capital mundial del amor hasta que no la bendiga el poliamoroso Junqueras. Lo siento.