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Sociedad · 22 de Agosto de 2020. 18:35h.

"Por aquí pasaron todas las guerras"

La guerra de los dos Pedros, las guerras carlistas y la Guerra Civil han dejado huella en las murallas de Teruel

"Por aquí pasaron todas las guerras"

Quizá no son las murallas de Canterbury, que se prolongan durante cuatro kilómetros a lo largo de esta ciudad inglesa. Ni las de York, por las que circulan todavía los típicos autobuses ingleses de dos pisos. Pero si va a Teruel merece la pena una visita a las murallas por el módico precio de 1,20 euros. Por un euro más tiene una visita también a los aljibes, los depósitos subterráneos de agua construidos durante el período musulmán.

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Al fin y al cabo, como indica la señora de la taquilla, "por aquí pasaron todas las guerras". Y no le falta razón. A la batalla de Teruel durante la Guerra Civil -que provocó la destrucción "de más del 80% de la ciudad", según la misma fuente- hay que añadir la Guerra de los dos Pedros -que enfrentó a la Corona de Castilla y la de Aragón por la hegemonía peninsular en el siglo XIV- y por supuesto a las guerras carlistas.

El billete incluye la visita a un museo de dos plantas -queda poco de la muralla original tras los estragos de la Guerra Civil- que da una imagen de la ciudad en la Edad Media, describe algunos episodios históricos -como un auto de fe en el que se quemaron a nueve personas el 7 de enero de 1486- y explica también el proceso no sólo de construcción sino de rehabilitación. Con fondos, por cierto, de la Unión Europea.

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No en vano Teruel fue una posición estratégica, un cruce de caminos hacia Zaragoza y hacia Valencia. Antiguo emplazamiento andalusí, fue incorporado a la Corono de Aragón en 1168, repoblado en 1177 y convertido después en plaza fuerte contra la expansión almohade.

Durante casi 600 años los turolenses vivieron protegidos por sus murallas hasta que la artillería y el paso del tiempo las dejaron en desuso. Un poco como Barcelona, que recibió como una muestra de modernidad el derribo de las murallas.

Que poco respeto por las piedras y por la historia. Actualmente apenas queda nada. Y ni siquiera se mima la muralla de las Atarazanas, que ha quedado en un extremo del Raval. Sin duda con problemas más acuciantes que preservar el pasado.

Uno de los acontecimientos bélicos más importantes fue la Guerra de los dos Pedros, que enfrentó a Pedro I de Castilla, el Cruel (1334-1369) y a Pedro el Ceremonioso de Aragón (1319-1387) por el control del Reino de Murcia y, en el fondo, por la hegemonía peninsular.

Pedro el Ceremonioso logró anexionarse de nuevo las Baleares (1343) y recuperar el Rosellón y la la Cerdaña (1344) tras el funesto testamento de Jaime I, que dividió el reino entre sus hijos después de tanto guerrear.

El tercero en discordia era Enrique de Trastámara (1333-1379), hijo bastardo de Alfonso XI, que se enfrentó a su hermano paterno, Pedro el Cruel. Tras algunos reveses militares en Asturias (1352) y en Ciudad Rodrigo (1354) consiguió acabar con el y, con ello, con la dinastía.

Ni que decir que Pedro el Ceremonioso apoyó a Enrique, que a su vez contó con ayuda francesa. Mientas que Pedro el Cruel tuvo el apoyo de Inglaterra. En cierta manera fue, como otros, un conflicto europeo donde otros reinos europeos metían baza. Castilla también tenía el apoyo de Génova, enfrentada a Aragón por el control del Mediterráneo occidental.

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El episodio más relevante del conflicto, por lo que respecta a Teruel, tuvo lugar en 1363, cuando fue conquistada por las tropas castellanas. Cuenta la leyenda que la victoria se consiguió gracias a un juez que decidió, para evitar represalias, pactar con el enemigo. Desde entonces el acceso por el que entraron los soldados se llama precisamente el Portal de la Traición.

No fue el único asedio vivido por la ciudad. Durante la Primera Guerra Carlista, también fue atacada -sin éxito- por el general Ena. Y, en la Tercera, por el general Marco. La ciudad hizo frente a los carlistas con 2.000 milicianos. En ambos casos el bando carlista no consiguió tomar la ciudad.

Luego ya con la Guerra Civil española, la muralla se convirtió de nuevo en objetivo militar. Fue de las pocas victorias del bando republicano y la única en que se consiguió recuperar una capital de provincia aunque fuera de manera efímera, a un alto coste y en el peor invierno en muchos años.

La ofensiva, ideada por el general Rojo, pretendía aligerar la presión sobre Madrid. El 15 de diciembre de 1937, la XI división del general Enrique Líster, iniciaba el ataque. La República puso toda la carne en el asador: nada menos que 100.000 hombres, que superaban con creces a los 6.000 de las tropas franquistas del coronel Domingo Rey d'Harcourt.

D'Harcourt, paradójicamente, fue procesado por los franquistas por cobardía tras rendir la plaza -Franco esperaba un nuevo Alcázar- y fusilado por los republicanos muy al final de la guerra. La batalla se prolongó entre el 15 de diciembre de 1937 y el 22 de febrero de 1938. Con frecuencia luchando a 20 grados bajo cero./ Un reportaje de Xavier Rius

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4 Comentarios

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#3 pepe, andorra, 27/08/2020 - 12:54

me gusta q el sr. rius aproveche sus vacaciones para hacer reportajes, al menos alguien en Cataluña, trabaja incluso cuando estan de vacaciones, no como otros q hacen paellas en cadaques....

#2 Roger Perez, Barcelona, 23/08/2020 - 18:45

Muy interesante relato histórico de esta preciosa ciudad. Siempre habrá cosas que ver y rememorar en la próxima visita. Sumarme a la recomendación de pasarse por Albarracín o también Rubielos.
Muchas gracias.

#1 Manuel, Tarazona, 22/08/2020 - 22:23

Me alegra que te haya gustado Teruel. Si tienes oportunidad de ampliar viaje, no dejes de visitar Albarracín y el Maestrazgo. No lo lamentarás.

#1.1 David, FOLGUEROLES, 23/08/2020 - 12:09

Que bonito es Teruel y que feo son algunos turolenses, que llamándose Pedro se hacen llamar Pere cuando viven en Cataluña .